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Por buscarme, poesía, en ti me busqué. . .
. . . por buscarte, poesía, en mí naufragué.
Octavio Paz
En este ensayo quisiera por lo menos acercarme a la idea o a la teoría que planteo de modo básico por el momento y esta es sobre la idea del objeto “a”, la experiencia de lo “real” -estudiada ambas ideas mucho mas profundamente por el sicoanalista Jacques Lacan- enfocada y desarrollada a partir de la idea que tengo sobre el camino del poeta y sobre la concepción de la poesía. ¿Cómo es que se hace uno poeta?, ésta es la interrogante que vendría a ser la matriz que engloba todas las demás ideas, es decir este es el gran deseo de algunos seres humanos, y como la experiencia de lo “real” y el objeto “a” son sumamente relativos y en su comparación con los otros seres humanos nace la diferenciación, y llego a plantear el hecho de que existen jerarquías entre nosotros, jerarquías que según lo que creo nacen de los grados y niveles de complejidades entre seres humanos, seres de la misma raza; la raza humana y aquella fantasía, fantasía que aspira a la excepción, fantasía dificilísima de alcanzar cuyo camino es de los más bellos y desgarradores caminos que el hombre en su clara conciencia puede trazarse y trazar, ¿determina esta fantasía acaso los diferentes niveles de complejidades humanas? ¿Puede la fantasía llevarnos a la locura?, la inconformidad hacia la realidad tal como es, hacia la precaria condición humana que nos toca a todos, ricos o pobres ¿puede acaso ser la causante de aspirar a un ser humano en la difícil tarea de reinventarse? ¿matarse para nacer nuevamente?, ¿y este camino no es acaso el camino del poeta? El que aspira además, después de su asesinato por él mismo, a poder escuchar la voz que habla desde las profundidades del mundo, através de si mismo.
Planteare la teoría de que es cierto, basándome en el pensamiento justamente de poetas sobre todo del pensador peruano Emilio Adolfo Westphalen a quien descubro tiene unos ensayos explícitos para mi fundamento.
Sobre la teoría de “La deconstrucción” de Jacques Derrida quisiera decir que el poeta es el ser por excelencia, constituido en su ser mas que en su pensar, quien encarna la violenta ruptura, y alza la bandera de la rebeldía primigenia (desde el nacimiento de la conciencia poética) hacia el centro (cualquiera que sea este).
Estos centros que Derrida con justa razón los llama artificiales, son impuestos y tienen el poder para quien los maneja de ser absolutos manteniendo así ese mismo poder, este centro ha tenido muchas caretas y las tiene, sea “La razón” sea “Dios-padre”, y así este centro se ha resguardado de tener el poder enmascarándose en diferentes “absolutos”, a lo largo de las épocas esta careta ha ido cambiando. La función del poeta, función mas allá de una mera función, es como dije romper violentamente con todo lo establecido, pues muerto y enterrado lo que de anacrónico y obsoleto -que no daba pie a la libertad plena- había en si mismo, reinventado y vuelto a construirse, su misión pues le será pregonar al mundo através de su poesía y de su actuar lo que de precario anacrónico y mediocre hay en los otros. Habiéndole sucedido al poeta lo que llamaré como “la deconstrucción personal” ahora su afán consistirá en alzar la voz para la libertad individual de los otros y esta libertad individual de los otros solo se logrará apuntando claramente contra los ejes de poder centrales que dicen que vale y no, que es superior e inferior, hay alguien que tiene que aceptar que no hay más un absoluto y afrontar el vacío que queda de un centro cada vez mas concientemente artificial entre las personas y por ello cada vez mas cuestionado.
Al respecto Westphalen escribe en su ensayo “Sobre la concepción de la poesía” lo siguiente:
La postura del poeta será la indicada en el desacato de la convención, de lo establecido por la tradición y por ella anquilosado, su inquina contra cosas y hechos hará que estos de nuevo posean la incitación, que en lugar de neutros e indiferentes, de nuevo cosas y hechos susciten en el hombre y la mujer el afán de relación, de movimiento, de cambio; en el mundo los seres humanos tienen una misión que cumplir: atacar y destruir estas realidades en falta, en deterioro para el cambio, para la creación de las realidades otras, las mejores, las inalcanzables. Sin el espíritu poético en vez de la audaz aventura y el descubrimiento continuado que hacen la plenitud de la vida más alta, tendríamos la existencia del hombre reducida a un mecanismo de contadas reacciones, a un timorato contentamiento en el paupérrimo repertorio de lo tradicionalmente admitido.
Sobre la experiencia de lo “real” pienso que esta es en el poeta contundente y extrema, lo que de si ve inconforme, lo que de si no encaja es lo que en el mundo ve de castrante, limitado y por ende triste y doloroso, y cuando al principio del ensayo hablo de jerarquías determinadas por las complejidades humanas, quiero decir que el camino del poeta es más angustioso y difícil que cualquier otro camino, por que él es en realidad quien no debería estar en lo absoluto aquí entre nosotros, o parafraseando un poema de Octavio Paz; el poeta es nada, es quien de la nada salio para la nada.
La experiencia de lo real en el camino del poeta para escuchar su poesía,-que vendría a ser el objeto “a”, uno de ellos, quizá el primero- es sumamente angustiante, es como Westphalen dice de esta manera: no es concebible la existencia de una poesía, de una auténtica poesía, que no tenga sus fundamentos en la más profunda y desgarrada experiencia vital, para llegar a esa poesía o mejor dicho a la poesía es menester la experiencia vital, que nos hace llegar a nuestra propia poesía auténtica , a nuestra propia voz, por ende a nuestro propio estilo, nuestra propia palabra o imagen, como una puerta que a punta de golpes milagrosamente se nos abrió, o como dice Westphalen en mis palabras; de muchas maneras se llega a la poesía, pero el poeta siempre llegará, uno de estas experiencias desgarradoras y manera de acceder a la poesía es el de la locura.
Aquella experiencia vital como la llama Westphelen pienso tiene sus raíces profundas en la experiencia de lo “real”, por ello digo que la experiencia de lo “real” en un poeta es mas que contundente y extrema puesto que aquella anti sociabilidad, aquello que no encaja lo lleva al extremo, hasta la experiencia desgarradora, hasta el punto de muerte de si mismo.
Y ahora soñando un poco, veo la experiencia de un poeta que al verse en el espejo por primera vez, y que continuamente se ve en el espejo millones de veces más, sabe que ese que esta ahí no puede ser él, que su gran fantasía a la cual aspira le llevará por caminos desgarradores y oscuros, que su vida no será la del sumiso hombre que tuvo temor de enfrentarse así mismo hasta su muerte poética, que es mas real que la otra muerte, la “verdadera”, la del “final”. Y este niño o niña, ya adolescente, ya joven ya adulto, dueño/a al fin de su poesía, paso por la experiencia de lo “real” en extremo, su complejidad, su camino maravilloso y doloroso, el privilegio de gozar de la libertad plena, dueño/a de si mismo, es acaso él el mismo hombre o mujer que pudo llegar a cumplir su fantasía, pero una fantasía simple que no le causo mucho mas que problemas, o peor aun este poeta es igual a un ser humano que jamás pudo llegar a su fantasía, que tuvo temor de seguir sus deseos, que no lucho por ellos, ¿un hombre o mujer inacabado es igual que uno acabado?.
Y ya sé que el objeto “a” es siempre inalcanzable, quiero decir, que de uno nace otro y al conseguirlo nace otro y así sucesivamente, pero ¿quien tiene más riqueza espiritual? ¿quien afronta la vida como un guerrero poeta en pos de conseguir más y más en el terreno de lo mágico, es decir de la palabra, de la imagen?, de saciar la sed, de saciar los deseos, de saciar los objetos “a” y ¿quien es ese que se conforma con poco o nada?.
Y agregando en palabras de Westphalen:
Para dar el salto y remontarme a otra esfera, el poeta tendrá antes que haber calado muy hondo en la realidad de su tiempo, y así decidir sobre lo que está vivo y fecundo, lo que de ella puede derivar hacia un nuevo esplendor, y lo que en ella son rezagos sin descendencia, crepúsculo de muerte y tema de agonía. En la vertiente doble situado, de antecedentes bien provisto, él sabrá donde injertar sus brotes nuevos, para cada época otros según la inquietud le impulse, según las interferencias le cambien, y también sabrá decidir, cuando el caso, que todo hay que echar por la borda, hacer tabla rasa y empezar de nuevo.
Entonces es el poeta quien se mueve en la realidad subjetiva o surrealidad, dándose cuenta del porque de cada cosa de esta mecánica y triste realidad del sueño de la inercia de los seres humanos, apareciendo entre ellos a veces notoriamente, otras de manera invisible, pero siempre percatándose de que ha de ser desechado y es tema de agonía, de que ha de ser atacado, y de lo que se debe construir y crear de nuevo. Y su voz cuando se escuche -siempre sucede, tarde o temprano- es de la potencia de quien vio en carne propia lo desconocido por descubrir, un ser atemporal que impulsa al progreso en su época determinada, y que de lo desconocido, del otro mundo, habla, escribe, o pinta, confrontadas estas artes en sentimientos, metáforas y deseos con la realidad de su época, pues es lo que el alma universal esta preparada para ver. El poeta francés Rimbaud se expresa ante esto de esta manera:
“El poeta definirá la cantidad de desconocido que se despierta en su tiempo en el alma universal; y él dará algo más que la formula de su pensamiento, que la anunciación de su marcha al progreso! ¡convirtiéndose la enormidad en la norma absorbida por todos, él será seguramente un multiplicador de progreso!
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